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QUIJOCHO

Neologismo de Don Quijote y Sancho

En el curso de Español 2203, Obras Maestras de la Literatura Universal del

Prof. Doel López, en redacción, se practica la creación de neologismos.  Quijocho

 es uno de los neologismos desarrollado en ese curso.

Quijocho no es un híbrido de Don Quijote y Sancho como se pensó al principio.  Quijocho es un ser, una entelequia o esencia nueva con responsabilidad biológica y psicológica individual e intransferible.  Es un ser humano creado y evolucionado responsable de los actos de su vida en su tránsito existencial aunque en su naturaleza hay genes de Don Quijote y de Sancho.

Esta aventura quijotesca es la más difícil y la más fácil en el regen (retrato de gente).  El retrato literario supone una prosopografía (rasgos físicos) y una etopeya (rasgos espirituales).  En los personajes ya creados es fácil sacar la caracterización del texto, pero en el neologismo (se usa la técnica del 1+1=1, o sea, de un objeto, o persona más otro objeto sale una nueva realidad) hay que crear un personaje nuevo, desconocido, hasta entonces por el lector.  Esa creación será la gran aventura y el reto del estudiante para darle vida a esa criatura nueva.  El estudiante se convierte en un demiurgo, un pequeño dios, al crear su propio personaje.

La creación de Quijocho se hace difícil por la complejidad psicológica de la caracterización tan perfecta de los personajes de fama universal que le dan origen a su nombre y fácil porque Quijocho es una nueva criatura cuya paternidad me pertenece. Es mi personaje, mi criatura y mi creación; mía en mí y tienen que aceptarla con su composición genética como yo la presente porque nunca se ha presentado antes.  Lo que salga es mi responsabilidad de la cual yo podría explicar, pero no tengo que verificar nada.

La literatura es un mundo cerrado que se da su propia realidad.  Como es una criatura nueva de la cual nadie había hablado antes, el lenguaje le crea su propia realidad y el comportamiento moldea su personalidad.  Acepten a Quijocho, como mi hijo o como mi hijastro, pero como una caracterización nueva que toma vida hoy.

        

Cinco pies ocho pulgadas de estatura con un peso de ciento setenta libras.  Ni flaco, ni gordo.  Entre sedentario y caminante.  Caballero en cabalgadura híbrida entre la especie caballar y los genes del burro.  Digamos que se pasea orondo en un mulo.  Ni caballero andante, ni escudero.  Es un mercader.  El mulo es idóneo para la carga pesada en terreno escabroso y prolongado.  Quijocho es un comerciante en telas y especies prototipo de los mercaderes de las caravanas nómadas en los desiertos.  En los oasis del desierto, donde tiene que acampar para pasar la noche, lee diarios y escribe el suyo estilo biografía.  Odia las novelas porque le dijeron que su medio padre fue un loco de una novela de caballerías titulada Don Quijote de la Mancha.  Prefiere la realidad de su contraparte, un tal Sancho Panza, que el amor platónico que caracterizó la quijotesca contrafigura de su descendiente.

         

Quijocho es otra persona más de las muchas que en este mundo han sido.  Odia el protagonismo y rechaza toda ocasión que lo pueda implicar en algún acto de heroísmo.  Él lo quiere así porque aborrece parecerse a sus descendientes: un loco que fue la burla de sus contemporáneos y un morúpido (una clonación de un morón y un estúpido) que sólo pensaba en comer y dormir.